Hace unos años tuve una pelea con un amigo en la cual yo era 100 por ciento responsable. No me habló por varios meses hasta que un día me perdonó. Es una sensación increíble y extraña a la vez. Sentí una especie de vergüenza que hizo que todas mis siguientes acciones para con él sean cuidadosas. Como que ya no quería volverlo a hacer enojar y, a la vez, quería mostrar mi agradecimiento agradándole.
Siempre mencionamos que Dios perdonó todos nuestros pecados. Lo proclamamos, lo gritamos, lo compartimos, pero ¿de verdad lo sentimos?.
Hace pocos meses alguien me preguntó en pleno servicio que qué era para mi la justicia. Pensé en la balanza, símbolo de ella, y contesté algo sin desnivel, algo perfecto. Luego me preguntó "¿y tu te consideras justo?" Le contesté que no. Esta persona me miró, sonrió, y me dijo que ese era un gran problema. Porque al yo considerarme injusto estaba invalidando el sacrificio de Jesús sobre mi. En pocas palabras, no me sentía perdonado por él.
Romanos 4:25 “El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación”.
Si lográramos sentir el perdón de Dios todas nuestras actitudes cambiarían. Es como si un gran asesino fuera perdonado por la familia de la víctima. El malhechor se sentiría tan inmerecedor de dicho perdón que sus actos cambiarían para siempre.
Por eso, dice la biblia en Juan 4:10 que el amor consiste, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó primero. No importa cuánto prometas ser mejor y amar a Dios, o la cantidad de pactos que hagas con él de que no volverás a caer, SIEMPRE El va a estar un paso adelante tuyo amándote primero y perdonándote.
Es tiempo, no importa cuántos años en el evangelio tengamos, que sintamos su perdón.
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